lunes, 21 de agosto de 2017

¿VINO O CERVEZA EN VERANO?


Momentos antes de salir de viaje hice el firme propósito de apartar la cerveza de mi dieta estival. La intención era clara, consistía en alternar blancos agradables y refrescantes con chispeantes espumosos a la vez que, de cuando en cuando, agua con gas. El reto no era fácil, por lo que todos sabemos, el pésimo servicio junto a la falta de vinos correctos a tal objeto. Tardé poco en confirmarlo. Un desastre, en cambio, no hay bar o restaurante por cutre que sea que no disponga de un vaso, incluso copa, medio decente y una cerveza de calidad media a su temperatura adecuada. En cuanto a mi ansiado propósito, juntar a la vez un vino respetable, a temperatura adecuada y una copa no vergonzosa se hizo misión imposible en mis primeros andares durante estas vacaciones. Ya me habría gustado encontrar en mi camino los tan criticados verdejos que últimamente casi todo el mundo "pone a caldo", fresquitos, jugosos, y aunque globales, pero de un mínimo de calidad. Tema aparte, para más inri, es la mala costumbre de no acompañar la botella en el servicio ante el cliente, no sabiendo ni lo que bebes, aunque sí que pagarás 2,5 ó 3 € por copa y que te mirarán mal ante cualquier comentario al respecto.
En fin, mi gozo en un pozo. Ingenuo yo ante mi pretensión , y riesgo, en decantarme por beber vino en vacaciones, fuera del entorno habitual, a pesar de un mayor contenido en alcohol que la cerveza.

No me queda otra opción que gritar: ¡Viva la cerveza bien fresquita!
Buen verano.

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