lunes, 13 de mayo de 2013

BODEGAS ZIRIES, PURA PASION

      Hay bodegas que por mucho tiempo que haya transcurrido desde la visita, aún habiendo perdido las fichas de cata, anotaciones  y todos aquellos detalles que pudieran ayudar a definirla, nunca podrás olvidar.

      Bodegas que por mucho que te venza la  pereza para escribir unas líneas, vienen a tu mente cuando menos te lo esperas y te recuerdan que aquel día de visita mereció la pena y no puede quedar en blanco  la hoja que le correspondería en este humilde blog.

     Y no hablo de cualquier bodega sino de Lobecasope, también conocida como Bodegas Ziries.

     No meses, años costó después de comentarios de soslayo, indirectas, codazos impenitentes y algunas argucias no confesables, incluso catas de Ziries, para que finalmente Javier Castro  mostrase al conocido "Sexteto UEC" el fruto de su pasión de vigneron junto a dos de sus socios,  Flequi Berruti y Sonia López.

     No podía ser de otra forma. Previamente a la cita los visitantes recibimos un documento con el plan pormenorizado, incluida la sorpresa, detallando el antes, mientras y después de la visita. Todo cuadraba perfectamente en el timing, Castro, una vez más no nos defraudó.

     En el Sexteto nos temimos los peor; Javier nos trasladó a un horno de leña, para desayunar, donde nos incitó a tomar fuerzas "por si acaso" decía. Con la siguiente imagen podréis entender lo que nos esperaba, aunque el bodeguero encubría como un curso de poda, el duro esfuerzo al que ibamos a ser sometidos.


     El viñedo, en su mayoría garnacha, se encuentra a  los pies de los Montes de Toledo, en Cuerva y en San Pablo, en terrenos franco arenosos  denominados "parajes"  que se encuentran a 845 metros de altitud y edades comprendidas entre los 26 y 55 años repartidos en 7 Ha.
     La agricultura es biodinámica y consideran  a sus vinos como orgánicos, sin tratamientos químicos y con el máximo respeto por la naturaleza.


     Vinifican por separado siempre buscando la transparencia del terroir de cada parcela, identificada por un nombre propio como vemos en la imagen; de hecho la filosofía de su nuevo proyecto, Melé Paraje Granítico , está vinificado con garnacha muy vieja procedente de una sola parcela cuya característica es suelo granítico muy pobre. 


       La historia de la bodega comenzó elaborando con pocos medios en San Pablo de los Montes, hasta que cuatro años después se trasladaron a Cuerva, donde definitivamente cuentan con lo necesario para  elaborar, con garantías, no sólo desde el punto de vista de elaboración sino del posterior afinado en botella de sus vinos.

     No ha tenido que ser fácil reconducir la tendencia natural de los vinos elaborados en la zona, pero en mi opinión a partir del 2008  han conseguido elaborar vinos más frescos, con raza, sin abandonar la estructura y con visión no de vinos inmediatos, sino de medio recorrido.

     La visita se hizo a finales del 2011 y catamos distintas muestras 2011de depósitos, Ziries 10 en barrica y Ziries 09, cuya cata describo a continuación:

     Ziries 09, capa media baja, frutos rojos y negros, balsámico, tiza, ligeros toques torrefactos y trazas de rusticidad que le confiere personalidad, todo ello arropado por un fondo fresco.
     Entra con fuerza, goloso pero serio, buen volumen y con un paso de boca que marca bien los tiempos, de grata sensación táctil y tanino ligeramente rugoso aunque bien ensamblado, final de ligera sensación salina y media longitud.

      Navalegua 2010, el segundo vino de la bodega de entonces, ahora ha pasado a ser el tercero y no decepciona en absoluto, con menos boca pero muy fresco y fácil de beber, de excelente compromiso calidad y precio.
       
     La jornada terminó en el As de Espadas de Toledo, donde pudimos disfrutar de una excelente comida, muchas anécdotas y sobre todo de una grata reunión de amigos.

    El próximo contacto con Bodegas Ziries será en Barcelona Vinos, su distribuidor en Catalunya, donde tenemos una cita pendiente para catar Melé, el último vino elaborado por la bodega.

     Para llevar a cabo cualquier proyecto, no sólo es necesario conocimiento técnico y medios para realizarlo, sino sobre todo, y como requisito más importante, la pasión aportada por cada uno de los componentes del equipo; este valor fue transmitido con creces, durante la visita y en cada uno de sus detalles por Javier Castro.

     No podría cerrar esta entrada sin agradecer a cada uno de los miembros del Sexteto UEC, su contribución una vez más al disfrute y pasión por la amistad y el buen vino.

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